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2 de Septiembre, 2004

Contentamiento

Casi nunca escuchas mucha hablar acerca de contentamiento estos dias. El ejercicio de tener, mantener, y nutrir un espiritu contento us una raridad. Aunque somos una sociedad fabulosamente enriquecido, es difícil encontrar personas contentas. En América, la obesidad es un problema mas grande que el hambre, pero magnificamos nuestros dolores de hambre. Nuestras libertades superan las limitaciones impuestas en nuestras libertas, pero alumbramos lo que no tenemos. Hablamos acerca del nivel de desempleo y niveles de aguinaldo muy bajos, pero seguimos quejándonos cada día que tenemos que levantarnos e ir al trabajo. Existen aquellos que argumentarían que nuestro descontentamiento es realmente una buena cosa porque nos constriñe a mejorarnos, a desear hacer mas, y a buscar mayores niveles de éxito. Hay algo de verdad en eso, pero de la otra mano, hay un ejercicio de nuestras voluntades ante Dios que trae un contentamiento tranquilo que es muchas veces pasado por alto, ignorado, u olvidado en muchos círculos.

Es la sabiduría de Dios expresada a través de la pluma del Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses cuando escribe: “He aprendido a contentarme cualquiera sea la situación.” Pablo había aprendido que en la abundancia de cosas o con nada puedes estar contento con lo que tienes y con quien eres. Es una obra de gracia en nuestras vidas. No puedes simplemente decidir estar contento. Dios tiene que facultarle, apoderarte, y sustentarle en su contentamiento para que entiendas que puedes vivir sin algunas cosas y algunos logros y mantener sus emociones y vida pensativa bajo control para que no decayes en experiencias de aflicción o armagura porque no estas contento.

Recientemente, Dean Foster, el director ejecutivo de la Convención de Luisiana, me platicaba acerca de su nieto más joven, quien estaba por tener un cumpleaño. Su abuela le preguntaba que es lo que el deseaba tener y le comentó acerca de cierto juguete. Entonces ella dijo, “¿Que pasará sí no puedo encontrar ese preciso color y ese tipo de juguete que tu quieres?” El nieto joven miró a su abuela en el ojo y dijo, “Recibes lo que recibes, y no te enojes.” Las palabras de sabiduria de un niño tocó el corazón de una abuela y un abuelo. Dean le preguntó a su nieto, “¿Donde aprendiste eso?” Le dijo, “En la escuela.” Eso es una lección que se debería aprender estando en la escuela, en la casa, o en la iglesia.

Estoy convencido que hay algunas personas que no estarían contentos aunque poseían un palo mágico de complacimiento. En serio, hay personas que no están contentos a menos que están enojados. Nada los complace y viven con un actitud en su corazón y una conducta reflejada en su cara que dice, “No estoy contento con la vida.”

Recuerdo que hace años había un niño pequeño en nuestra iglesia, quien era el más joven en una casa llena de niños. Muy infrequente estaba el contento de su situación. Una mañana al venir a desayunar, se sentó a la mesa y su mamá puso delante de el su desayuno que incluía un huevo revuelto. Sus labios asomaron y su lenguaje corporal empezó a gritar, “No estoy contento.” La madre le preguntó “¿Que tienes hijo?” “No quería un huevo revuelto.” “¿O, que querías?” “Quería un huevo frito.” La madre cariñosa y obediente quito el huevo revuelto y lo reemplazo con su orden especial, y se lo trajo y lo puso delante de el. ¡Nada cambió! Su espíritu y su mirada quedaron igual. La madre le preguntó, “¿Que pasa, hijo?” Enojado, el hijo dijo, “Pusiste el huevo del lado equivocado del plato.” Los niños necesitan ser enseñados a desarrollar un actitud de contentamiento, pero hay lecciones que necesitamos aprender y reaprender, aplicar y reaplicar, por toda la vida. Sí vas a desarrollar un corazón contento, piense en algunas de estas lecciones que serían utiles.

Primero, recuerde que la vida no es justa. Deseo que fuera así, pero no lo es. Los mejores no siempre ganan y los peores no siempren pierden. A veces, los justos son penalizados y los pilluelos parecen ser recompensados.

Una segunda cosa que hay que recordar es que a pesar de lo que está ocurriendo bueno, malo, o de otra manera, la gracia de Dios es suficiente ambos para satisfacer nuestras necesidades y para cambiar situaciones al bien. A veces cuando parece que la maldad esta ganando queremos tirar las manos al aire, irnos, y renunciar. La Biblia esta muy claro que Dios es poderoso para tomar aun lo peor de la gente y las circunstancias y moverlas últimamente y eventualmente a ser buenas. Tantas veces he visto gente caminar a través de las peores experiencias en la vida solo para después decir que no querrían hacerlo de nuevo, pero no aceptarían nada a cambio por la experiencia. Soy una persona mejor por la experiencia. Dios me enseñó algunas cosas que nunca habría conocido. Entiendo las necesidades de otros mucho mejor. Hay un factor de confianza en contentamiento. Creemos que Dios puede trabajar todas las cosas para el bien aún cuando no vemos como podría ocurrir al momento.

La tercera cosa que hay que recordar es que contentamiento tiene mucho mas que ver con nuestro espíritu y nuestros pensamientos puros delante del Señor que tiene que ver con tener, conseguir, cumplir, o prosperar. Nuestro Señor Jesús vivió en perfecto contentamiento en un mundo que le malinterpretó, donde sus amigos le fallaron, donde enemigos constantemente le acosaron, y donde la máxima maldad aparentaba ser el victor. Todo el tiempo a través de Su vida, todo el camino a la cruz, y a la muerte El vivió sus últimas palabras, “En tus manos encomiendo mi Espíritu.” El confió en Dios a través de todo. Escribe esto en su corazón y algún momento durante este día Dios podría recordarle la sabiduria de un niño cuando dijo, “recibes lo que recibes, y no te enojes.”

Jaime Futral
Director Ejecutivo-Tesorero
jfutral@mbcb.org
2-9-04