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El Cielo Puede Ayudar

Base Bíblica: Salmo 127:1-5

Durante doce años nuestro hogar disfrutó de la compañía de un pequeño perro negro, orejón, de raza Dechshund, a quien llamábamos Franz. Con amor y lealtad constante nos ayudó a crear a nuestros cuatro irrespetuosos y traviesos hijos, quienes los primeros años de Franz. Precisamente cuando nuestros hijos ya estaban crecidos, y Franz estaba en la “digna posición de un señor maduro”, llegó Fritz.

Fritz era un perro pastor alemán de ocho meses, con una forma de vida muy distinta a la de Franz. Para él todo el mundo es un campo de juegos. No sabía nada de “dignidades”. Era un niño consentido como hijo único, pues durante sus primeros meses vivió con unos recién casados.

Enfrentado con este grande y bien parecido—pero atrevido e incivilizado—extraño, nuestro manso y humilde Franz entró en acción. Hizo lo que tenía que hacer. Mostró una ferocidad nunca antes sospechada; gruñó como queriendo decir: “¡Apártate de mi comida!” Respetuosamente Fritz se retiró. Franz entonces le enseño a Fritz cuándo ladrar, cuándo descansar en la perrera, y cuando no hacerlo. El joven perro aprendió el respeto. En forma asombrosa, el monstruoso can que podría haber destrozado al pequeño de un solo golpe, llegó a ser un compañero leal, miembro del equipo y amigo inseparable. (Esta historia proviene de la obra “El Reino Animal”)

En nuestro mundo existen influencias extrañas, hostiles, destructoras de hogares. Los antiguos elementos que sostenían a la sociedad ya no nos sostienen ni nos protegen. El hogar cristiano tiene que florecer en un campo lleno de mala hierba.

Entonces nosotros tenemos que resistir y fortalecernos en una esperanza en lo que un hogar cristiano nos puede dar. Las herramientas están a nuestro alcance. Dios estableció dos organismos divinos en la sociedad humana: la Iglesia y el hogar.

Vivir la vida cristiana es encontrar las causas de los problemas no solo los síntomas. Este mensaje es para padres abuelos o futuros padres que tienen o quieren tener hijos o nietos. Sabemos que es muy difícil enseñar como navegar cuando ya se encuentran en medio de la tempestad. El hogar es una entidad especial enclavada en un mundo secular. No es del mundo pero ciertamente está en el mundo. Esta posición requiere de fortaleza y resistencia. En Romanos 12:2 Pablo dice: “No os conforméis a este siglo” (“No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”). Conformarse sería fatal. Cristo anima a los creyentes diciendo; “… confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33; “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.”) Entre todas las tareas que se nos han encomendado, creo que no hay ninguna que provea mejor satisfacción que la de edificar un hogar que Cristo apruebe. Al leer las Escrituras me convenzo que Dios está diciendo a los padres: “¡Animo y adelante!”

  1. ¿Sin peligros en el hogar cristiano?

    “¡O tengo la receta equivocada o los ingredientes están equivocados! He invertido mi vida es este guisado, y esta familia es la peor mezcla que jamás se haya visto. Me doy por vencida.

    Esto lo dijo una mujer llamada Carolina, después de veinte años de casada. Carolina siempre asistió a la iglesia, e hizo las “cosas correctas”. A la edad apropiada se casó con Federico, un “hombre bueno”, generoso y amable. Siempre fue de carácter algo débil, pero ella lo ayudó a tomar las decisiones. Su esposo le dio dos hijos y se fue al ejercito. Cuando regreso, él era un alcohólico y su vida era un ir y venir al alcoholismo, su hijo se fue a vivir con su novia y el hogar se desbarató. Este es un hogar común del siglo XXI.

    El verdadero hogar cristiano, no es solamente una casa donde viven creyentes, sino una casa en donde mora Cristo, que parece que están por desaparecer.

    Debemos los defensores del hogar cristiano dejar de luchar y darnos por vencidos? ¿Habremos de permitir que los historiadores escriban: “… la familia, caracterizada por un matrimonio monógamo y sometido a la ética judía-cristiana, dejó de existir en el mundo occidental, a principio del siglo XXI”?

    Por qué preocuparse por la familia? ¿Qué importancia tiene el hogar cristiano? ¿Tal vez podemos tirarlo la próxima vez que pasen recogiendo la basura? ¡JAMÁS! Hay razones sustanciales y bíblicas que forman una base inminente y convincente para el hogar.

  2. La Biblia coloca muy alto a la familia

    Dios tiene mucho que decir respecto al matrimonio, el sexo y la familia. En toda la palabra de Dios encontramos enseñanzas acerca de la familia. Desafortunadamente las iglesias solo se acuerdan de estos temas para el Día de las Madres.

    Encontramos un canto en el himnario de Israel, es decir los Salmos:

    (La prosperidad viene de Jehová)

    1Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican;
    si Jehová no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.
    2Por demás es que os levantéis de madrugada y vayáis tarde a reposar,
    y que comáis pan de dolores, pues que a su amado dará Dios el sueño.,
    3Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.”
    4Como saetas en manos del valiente, así son los hijos tenidos en la juventud.
    5¡Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos!
    No será avergonzado cuando hable con los enemigos en la puerta.

    Podemos ver algunas cosas en cuanto a la confianza. Que podemos entender por el “dará Dios el sueño”. En Proverbios 3:5-8 nos dice;

    5Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.
    6Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas.
    7No seas sabio en tu propia opinión, sino teme a Jehová y apártate del mal,
    8porque esto será medicina para tus músculos y refrigerio para tus huesos.”

    También nos especifica claramente lo que puede hacer Jehová para cuando hay dificultades en Pv. 21:31; 31El caballo se apareja para el día de la batalla, pero Jehová es quien da la victoria.” El salmista no sugiere la inactividad ni la pereza, tantas veces reprobada en las escritos de conocimiento. En Pv. 10:4 nos dice; “La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece.” (Pv. 6:6-11; 20:4; 24:30-34). Sino que condena la excesiva preocupación del que no confía en Dios (Lucas 10:14-42).

    La descripción comienza con el fundamento del hogar y termina con el impacto del hogar. “Si Jehová no edificare… ” El hogar empieza con una filosofía, con una entrega personal. No dice que usted no edifica su casa; usted sí la edifica. Mas viren es una advertencia en contra de la necesidad de tratar de edificar su hogar por sí solo. ¡Imposible!

    Usted nunca podrá ser un padre o madre cristiana —un socio en una relación eficaz— separado del Señor. No saldrá bien aunque redoble los esfuerzos; aunque se levante temprano y se acueste más tarde. Solamente encontrara pesares, y no hay dolor comparable al sufrimiento de un padre que ha fracasado en su tarea.

  3. Los hijos son premios de Dios

    Dios otorga como primer premio los niños. Dios los llama ”herencia” y “cosa de estima”. Un erudito dice que esta palabra hebrea debe ser traducida como “asignación” (tarea). Los hijos son una asignación de Dios o una encomienda; Él no entrega en vano los hijos a los padres. Él sabe muy bien la clase de hijos que debe enviarnos. ¿Digamos que Dios nos dio hijos únicamente por lo que nosotros podemos hacer por ellos? Eso es solo una paste. También se nos dio por lo que ellos pueden hacer por nosotros. Nosotros podemos suplir las necesidades especiales de nuestros hijos, y ellos pueden suplir nuestras necesidades de una manera única y especial.

    El salmista llama a los niños “cosa de estima”. No dice que son maldición, ni una tragedia, o un accidente, manifiesta el favor de Dios. Es hermoso ver a los hijos a través de los lentes de las Escrituras como trofeo de Dios.

    1. ¿Pero que de las parejas que no tienen hijos?

      Ante esto alguien podía decir: “¿Pero que de las parejas que no tienen hijos?” Aunque los hijos son una evidente recompensa que el Señor da a un matrimonio, no podemos concluir que si no tenemos hijos, Dios no nos está recompensando. Dios tiene muchas maneras diferentes e ingeniosas para recompensar a sus hijos.

      Si en nuestro hogar nacen bebés, somos muy privilegiados. Si, en la providencia de Dios, nosotros no tenemos hijos, entonces Él tiene un plan diferente y único para nosotros. Puede haber un ministerio que podemos descubrir maravilloso que jamás hayamos experimentado en nuestra vida, como edificar las vidas de niños cuyos padres los han descuidado, desam-parado, abandonado o descuidado totalmente. Algunos de nosotros sobrevivimos porque alguien nos cuidó más que nuestros propios padres.

    2. A los niños se les llama “saetas”,

      Eso significa que debe ser lanzado sobre un blanco —y que debemos saber cuál es el blanco. Una razón principal por la que los padres fallan es que nunca han visto el blanco, ni tienen idea de donde está.

      Generalmente los jóvenes de la iglesia pueden decir de sus padres frecuentemente como si pintan un cuadro gráfico de las actividades de los adultos —normalmente frenéticos y sin dirección. Los cuales nos hace pensar de un “fanático” (una persona que redobla sus esfuerzos después de que ha perdido la vista del blanco).

      Los hijos buenos no surgen por accidente, sino son fruto de un cultivo cuidadoso. Pongámonos como claro objetivo el crear hijos buenos y que sea la finalidad especifica para la cual Dios nos los ha confiado.